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25 de abril de 2011

La bella alma de Don Damián. Notas para su estudio

 

Notas preliminares para un estudio socionarratológico del cuento.

Por: Luis Amaury Rodríguez Ramírez

Introducir una metodología fundamentada para el estudio del campo literario[1] desde su corpus integracionista –por la suma de conceptos a través de disímiles autores– y en particular de alguno de sus objetos (género), tiene siempre detractores y defensores; más cuando tales estudios contienen un enfoque "internalista"[2] si se toma la Literatura como dato (en sentido informativo, referativo, de placer) más que sujeto (continente de autores, personajes, emociones, etc.).

Tal punto de vista pretende abordar primero: la deconstrucción narrativa; segundo, la exposición de algunos componentes relacionales para el estudio sociológico en Literatura (en lo adelante CRESLIT) y tercero, la evaluación de los mismos que confirmarán el aspecto anterior. No es la intención asumir como absoluta la unión de estos componentes, sino más bien proponer un modo de análisis al que se le puedan sumar puntos de vista y modos de reflexión y actuación desde otras disciplinas humanísticas.

Sin embargo, sería infructuoso proyectar un análisis sin un primer acercamiento a elementos (CRESLIT) que nos permitan evaluar dentro de la Sociología de la Literatura y específicamente dentro del campo literario, como son: Efecto del campo: el valor literario de la obra, acorde a los campos de poder que evalúan e institucionalizan la misma; Nomos: reglas básicas de la acción en el campo (literario) [Bourdieu]. Goldman aporta otros desde su enfoque cosmovisivo: Homología: relación entre coparticipación entre obra y realidad; Visión del mundo, inclusiva desde la descripción del entorno hasta el resto de las acciones que se desarrollan dentro y fuera de esa concepción. Fenómenos sociales, los que se autoexplican; y Realismo: como función crítica. Así tratamos también otras dos unidades que completarían, al menos desde este primer acercamiento, la Dimensión espacial del objeto, envoltorio del género literario, que puede fragmentarse al interior de sí en poética, versificación (por actuales tendencias narratológicas), ensayística, etc.; en este caso un mismo cuento puede tener a su interior gráficamente tal tipo de conformaciones que aludirán al sujeto de manera indirecta al desfragmentarlo desde estas constituciones. El otro elemento a considerar sería la Dimensión espacial del sujeto: autor, personaje(s), composición estructural de la obra, dos acciones básicas como la cadena de sucesos y la introducción del conflicto (por la interdependencia generada entre ellas [Rodríguez Ramírez, Luis A.]). Por ello se intenta un ámbito de recodificación, supeditable al propio estudio narratológico del texto.

Para clarificar esta perspectiva, a partir de las que podremos determinar qué componentes se complementan por estar y pertenecer a un mismo campo, cuya descripción se "refracta" a partir del objeto (en este caso el cuento), desde el que pueden percibirse elementos que de manera individual, condicionan la dimensión espacial del objeto en cuyo interior se expone y desarrolla la propia dimensión del sujeto, que no se mezcla sino se mantiene desde los aspectos fundamentales y precisos: el equilibrio de la trama, lo que constituye el balance de la historia; y el accionar de la imagen cinética (movimiento), que describe la dinámica del cuento a través de cómo, dónde y desde dónde se mueven los personajes y otros puntos al interior de las escenas.

La bella alma de Don Damián

Es un texto estructurado desde un narrador omnisciente con preeminencia de la tercera persona del singular, donde algunas acciones dentro de las escenas están determinadas a partir del diálogo entre personajes, como punto de sujeción a los aspectos anteriores al desarrollo del(os) conflicto(s). ¿Por qué esta ambivalencia? Pues, porque en principio se destaca un conflicto común: las últimas horas del patriarca en una familia nuclear y acaudalada, en cuyo proceso la finalidad del cura, la hija y la propia cónyuge del postrado, esperan el deceso de éste último para heredar.

Las acciones subsiguientes coexisten, para permitir la descripción vivencial (antes/después) del hecho (muerte) in situ; pero recurriendo esta vez al alma –ente vivo– de Don Damián que al escapar de sí, se solaza desde lo alto para percibir a través de su único ojo un contexto ajeno por completo a ella, desde sí como ente con movilidad y capacidad analítica propias, y para quien cuyo mundo exterior (fuera del cuerpo físico de Don Damián) procede como un proceso de engelamiento y difuminación (al ser inaudible, invisible, etérea, opaca).

"Empezaba a clarear. Por los cristales de las ventanas entraba una luz lívida, que anunciaba el próximo nacimiento del día. Asomándose a la boca de Don Damián –que se conservaba semiabierta para dar paso a un poco de aire– el alma notó la claridad y se dijo que si no actuaba pronto no podría hacerlo más tarde debido a que la gente la vería salir y le impediría abandonar el cuerpo de su dueño. El alma de Don Damián era ignorante en ciertas cosas; por ejemplo, no sabía que una vez libre resultaba totalmente invisible".

Bosch utiliza este ardid de caja china, para ubicar en el cuento dentro del cuento, un segundo y devastador conflicto: el alma de Don Damián como médula espinal de su estructura narrativa.

Si bien es el alma –aquí sujeto– quien sostiene las riendas y conduce la diégesis, de ningún modo podrá soslayarse el rasero en que se encuentran las categorías estéticas de que se adueña el sujeto para llevar dos puntas de una misma lanza: De un lado ella (el alma) como ente físico, del otro, la dicotomía de la clasificación (bella o fea) al interior de un esteticismo que será el detonante de una decisión fundamental, escindirse de la vida y el cuerpo de Don Damián, o volver allí y adaptarse eternamente en el mundo que conoce.

Desde aquí y de regreso al principio del cuento, persiste un elemento que ha de notarse para hurgar dentro de las pistas que va dejando el autor y que presagian un posible final: feliz, triste, suspense, etc., y es la permanencia del elemento luz visto desde palabras como clareo, lividez, claridad, oscuridad, día, otras, que designan parte del ambiente detallado en algunas escenas y aporta a la comprensión del todo como imagen, un condicionamiento ideopsicológico orientado a desatar determinadas sensaciones dentro del lector. Veamos en el ejemplo anterior cómo se explica esto:

"Empezaba a clarear. Por los cristales de las ventanas entraba una luz lívida, que anunciaba el próximo nacimiento del día. Asomándose a la boca de Don Damián –que se conservaba semiabierta para dar paso a un poco de aire– el alma notó la claridad y se dijo que si no actuaba pronto no podría hacerlo más tarde debido a que la gente la vería salir y le impediría abandonar el cuerpo de su dueño (…)".

La presencia de este elemento es fundamentalísima en el cuento, pues condiciona otras acciones que persistirán en el resto de la historia, nótese la contradicción: entre el inicio del día, la luz blanquecina, descolorida, manchada, que se filtra por las ventanas y caracterizan la escena donde va a producirse la fuga del alma hacia el mundo exterior, y la claridad que a partir de esa luz infiltrativa determina la decisión del alma de escapar definitivamente. La descripción narrativa en este párrafo intenta producir curiosidad más que incertidumbre, escozor, impaciencia por saber qué puede ocurrir a partir del hecho (fuga) que está por suceder.

El autor deja muy claro también, la presencia de otro componente de carácter sustancial dentro de la historia, que será la preponderancia de género (el femenino) para situar algunas diferencias y ejes constructivos en el cuento, representado ahí dentro del objeto y en el sujeto (enfermera, viuda, criada, etc.), el alma a través de su personificación. Pues en todos estos personajes femeninos, sitúa una cuestión decisora, cómo se manifiesta este tipo de sociedad familiar en un caso extremo donde la oportunidad se presenta para favorecerlos, dejando a la luz las miserias que como seres humanos forman parte de sí.

–No vayas a comportarte ahora como una desvergonzada. Tienes que demostrar dolor

–Cuando llegue gente, mamá– susurró la hija.

–No, desde ahora. Acuérdate que la enfermera puede contar luego…

En el caso del alma propiamente, que formula un punto de vista muy oscuro respecto al principio del cuento, y sobre todo metafórico por ubicar a partir de él una posibilidad inexistente en cuanto a movimiento y expresión. Bosch, apropia al alma de herramientas como la capacidad de análisis, el asombro por éste que la harán dudar de aquella idea inicial: volver o fugarse de manera absoluta de todo cuanto tuviera que ver con aquel escenario patético representado por los miembros de la familia.

¡Diablos, eso sí era interesante! Jamás había pensado el alma de Don Damián que fuera bella. Su amo hacía ciertas cosas raras, y como era un hermoso ejemplar de hombre rico y vestía a la perfección y manejaba con notable oportunidad su libreta de banco, el alma no había tenido tiempo de pensar en algunos aspectos que podían relacionarse con su propia belleza o fealdad.

He aquí que el sujeto principal (Don Damián) pasa a ocupar un lugar secundario y se apropia el alma del desarrollo posterior de toda la historia, siendo que él (Don Damián) será siempre el referente de sus análisis y a partir del cuál el alma implementará el resto de las acciones como: comprobar sus dudas en cuanto a belleza o fealdad, asumir las contradicciones, establecer un punto de decisión. El resto de las escenas y personajes que pasan a ser episódicos o de relleno en la historia, se supeditan directamente bajo las acciones del alma, que resuelve tras ocupar el punto de miras inicial y fundamental de la historia convertirse al final del cuento nuevamente en un personaje colateral al ocupar ese espacio de sopor que le resultaba el cuerpo de Don Damián, y cada vena en la que sus tentáculos estuvieron por años.

Es de suponer que este sería a partir de los CRESLIT un primer acercamiento hacia el análisis de la cuentística de Juan Emilio Bosch Gavín, rica además en recreaciones, análisis y proyecciones sociales que nos permitan entender de una manera más profunda y tal vez acertada, aspectos aparentemente insignificantes oculto tras las líneas.

[1] Véase Altamirano, Carlos en: Términos críticos de sociología de la cultura, Editorial PAIDÓS, 2002, pp.9-10, para más claridad sobre este término del sociólogo Pierre Bourdieu.

[2] Véase Ramos Romero, Héctor y Santoro Domingo, Pablo, en: Dos caminos en la Sociología de la Literatura: hacia una definición programática de la sociología de la literatura española. Disponible en la dirección http://www.fes-web.org/publicaciones/res/archivos/res08/09.pdf


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